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dijous, 26 novembre de 2020 | 3a Època | Edició núm. 14.543 | Pla de Ter (Gironès)

Els mil i pico

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> «Tots ens hem anat inserint a Catalunya i estimem aquesta terra d'acollida». A la imatge, una instantània de la trobada celebrada a Montjuïc el 2005 FOTO: LLORENTE> «Tots ens hem anat inserint a Catalunya i estimem aquesta terra d'acollida». A la imatge, una instantània de la trobada celebrada a Montjuïc el 2005 FOTO: LLORENTE
: : Metròpoli > Girona | 24·09·2005

Després de 34 anys, des del Castell de Montjuïc:
Aquí van néixer milers de somnis i esperances

Ramon Llorente |

Quisiera comentaros previamente un par de temas.

En primer lugar debo deciros que, preparando este encuentro*, sentí pena, enorme pena, al ver que algunas personas, que no están aquí, se avergüenzan de haber vivido en las barracas. La pobreza de aquel tiempo y aquellos años no puede ser motivo de vergüenza, sino de orgullo. Fuimos pobres, y no tenemos que esconderlo, pero con dignidad. Vergüenza debieran sentir quienes con su pasividad y falta de compromiso social no evitaron aquellas circunstancias.

En segundo lugar debo deciros que estos últimos días he repasado las fotos y datos del archivo histórico de la ciudad de Girona y en las mismas no me sentía identificado. La realidad de nuestras humildes casas o barracas no se refleja en tales archivos. Solo, o esencialmente, se pone de relieve lo peor o más miserable de aquella situación. Mi casa y la de la mayoría de vosotros estaba encalada, blanquita, por dentro y por fuera. Los niños íbamos limpios al colegio. Con gran sacrificio y esfuerzo, nuestras madres mantenían la higiene necesaria. Con limitaciones y estrecheces, pero vivíamos como personas honradas y trabajadoras.

Hoy no es momento de reivindicación, sino de celebración, de sentimiento y hermandad, y con vuestra presencia dais sentido y contenido a este reencuentro en el lugar que nos sirvió de cobijo y acogida en años y circunstancias difíciles. La realidad social de la inmigración de los años 50 y 60 desbordó las posibilidades de la ciudad pequeña y gris, que era Girona entonces.

Es imposible expresar y dibujar en palabras las sensaciones, los sentimientos y las vivencias que aquí compartimos hoy. Entre estas silenciosas paredes del Castillo de Montjuïc, que nos acogieron, brotaba con fuerza la vida y aquí nacieron miles de sueños, de ilusiones y de esperanzas, aunque no sin penas y lágrimas.

Es curioso y hermoso constatar que, pese a las carencias materiales de aquellos años, los que vivimos aquí recordamos con ilusión y cariño aquella realidad. Podemos decir que la ciudad no llegaba aquí. En Girona, ser del Castillo era como una vergüenza que debía taparse y se tenía que disimular. Y desgraciadamente aún, como he dicho antes, hay quien siente reparos en reconocer que estuvo viviendo aquí.

Vivir aquí, para todos era provisional. Lo sabíamos. Pero al irnos forzadamente truncó una manera de vivir, una forma de relacionarse, unos valores humanos que la mayoría añoramos. Pero hoy revivimos ilusionadamente la memoria de nuestro pasado, la valentía de nuestros padres, la humanidad, solidaridad y hermandad que nos unía, las ansias de superar las barreras que nos separaban de la ciudad y sus gentes, que no eran pocas. Y lo hacemos acompañados de las máximas autoridades (la alcaldesa -sra. Anna Pagans-, el subdelegado del gobierno -sr. Francesc Francisco-Busquets- y muchos concejales -sr. Joan Olóriz…-) y personas distinguidas de una ciudad que entonces nos miraba con recelo y a la que nosotros mirábamos con sana envidia. Allí abajo estaba el progreso, las comodidades, la consideración social, la cultura, el poder. Aquí estaba la pobreza, las inclemencias, las estrecheces. Afortunadamente han cambiado los tiempos y las circunstancias, gratamente.

Hoy, como antes dije, es momento de recuerdos, y sobretodo de sentimientos. Hace más de 30 años, concretamente el 24 de diciembre de 1971, que cayó la última barraca. Montjuïc es hoy día un lugar distinguido y apetecible como residencia, y nos alegramos de ello. En los tiempos del barroquismo, Montjuïc era un estigma y una afrenta para las autoridades. Pese a todo, somos muchos los que no nos avergonzamos de nuestra procedencia y de nuestra historia ni de nuestras raíces, y prueba de ello es este emotivo acto o reencuentro que entre todos hemos hecho realidad hoy. Esta celebración es un acto de afirmación y de valentía, de justicia histórica: los cientos de familias que poblamos el Castillo de Montjuïc y sus alrededores somos personas de bien, integrados plenamente en esta sociedad. Y no extrañe a nadie que el castellano sea el vehículo de comunicación de los que aquí vivíamos, porque era y es la lengua materna de la mayoría, y a ello no se le debe dar ninguna connotación política. Simplemente es una realidad histórica, social y cultural que no debe ignorarse.

Catalunya, estimem aquesta terra d’acollida

Quasi tots parlem o migparlem, entenem, utilitzem i compartim també la llengua catalana. de forma natural, sense plantejaments polítics, sense grans problemes ni suspicàcies absurdes. La vida progressa i la convivència social s’acomoda a les noves realitats, però sense fer salts, sense forçar, sense obligar, sense renunciar al que també és propi de cadascú, amb respecte i consideració. Tots ens hem anat inserint a Catalunya, estimem aquesta terra d’acollida, coneixem i vivim aquesta realitat, però no oblidem les nostres arrels, ni la nostra història, ni el nostre passat.

Esta fiesta tiene su causa y motivo en el sentimiento colectivo de todos los aquí presentes y en el recuerdo de un pasado común, que aunque lleno de dificultades y problemas, también nos ayudó a superar barreras y a mantener ilusiones y esperanzas. En ese largo camino, la gente del Castillo, los que vivimos en aquella pobreza material de las barracas, hemos dado ejemplo de superación, de integración y de ciudadanía. Hemos hecho de nuestro trabajo el medio de progreso en todos los sentidos: hemos sido y somos gentes de bien.

Permitidme un sentido recuerdo para quienes ya no están entre nosotros. Nuestros mayores padecieron el desarraigo más que nadie y tuvieron que soportar penalidades de todo tipo. Los que ya no están y los que aún están con nosotros merecen nuestra mayor consideración y estima. Su sacrificio, su tenacidad, su fortaleza y su humanidad son referencias imprescindibles y ejemplo para nuestros jóvenes. La memoria de esa historia no debe borrarse ni ignorarse: seria como perder las raíces y renunciar de nuestra procedencia.

La riqueza humana, económica y cultural que representó el gran movimiento migratorio de los años 50 y 60 no puede olvidarse ni silenciarse. Esa realidad social merece un monumento, un local, una consideración especial. Es un reto para quienes en los años 60 carecimos de proyecto y organización. Teníamos lo esencial: una base humana envidiable, pero fuimos juguetes en manos del poder político y económico de aquella época. Los intereses privados pudieron más que las necesidades colectivas.

Los vecinos de Montjuïc teníamos ilusiones, esperanzas, pero no tuvimos organización ni proyecto que nos aglutinara. Por eso nuestra historia en el Castillo de Montjuïc acabó insatisfactoriamente, como si fuéramos un juguete en manos de los poderosos.

Pero hoy, lo que queremos es dar rienda suelta a nuestros sentimientos, a nuestros sueños, a nuestros recuerdos. Es momento de pocas palabras y de muchas vivencias, porque como dijo un poeta popular, hay silencios que hablan y hay palabras que no, y a veces el silencio es palabra mejor.

Muchísimas gracias a todos por vuestra presencia, a los que vivimos, a los consortes e hijos de los que vivimos en el Castillo, a la Asociación de Vecinos del actual y envidiable Montjuïc, a las autoridades, personificadas en la máxima autoridad municipal, la alcaldesa y los componentes del equipo de gobierno,… gracias a todos y a disfrutar de la fiesta.

Ramon Llorente Varela
*Discurs pronunciat en el Castell de Montjuïc [24·09·2005], amb motiu de la primera retrobada,
amb menjar i festa, dels antics veïns de Montjuïc, després de més de 34 anys

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